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    Ser madre viajera, lesbiana y casada por la Ruta 40

    ruta 40

    Nuestro equipo está formado por: nuestros dos hijos, Tato de 10 y Tinchi de 4, Triana y yo.
    Cuando elegimos destino para viajar, nos guiamos esencialmente por lo que nos dicte nuestro corazón, nuestras ganas, soñamos muchas veces con tomar una ruta y no regresar jamás. (Algún día lo haremos, porque la vida de cumplir sueños se trata)
    Cargamos el auto con muchísimo equipaje: ropa y más ropa, equipo de carpa (ya que a los niños les encanta acampar), algunos alimentos no perecederos, abrigos, guías y cuaderno de viajes.
    Partimos de Buenos Aires (Argentina), hicimos Mendoza, San Juan, La Rioja, Catamarca, Tucumán, Salta, Jujuy, recorriendo lugares turísticos y no tanto (y luego el regreso.)
    Varias cosas a tener en cuenta (si sos mujer, madre y algo inexperta podés cometer estos errores)
    • El clima en general es seco y caluroso, salvo en aquellos momentos del itinerario donde estás a muchos metros de altura.
    • Cuanto más equipaje, menos lo usarás, porque en un recorrido donde no permanecés muchos días en un mismo lugar, ni siquiera abrirás la mochila.
    • Imperdibles: Parque Nacional Talampaya e Ischigualasto, toda la ruta del adobe, étc.
    • Llevar una muda de ropa para los niños, bolsas de nylon, ya que tienden a apunarse, esto les provoca, mareos, dolor de cabeza y Vómitos!!!
    • Llevar juegos, block de hojas, porque los paisajes son maravillosos, pero a los niños les puede resultar cansador.
    • Aunque vayas en auto: llevar mucha agua potable, ya que los trayectos son extensos y hay pueblos donde el agua no es conveniente tomarla.
    • Cargar siempre combustible, porque hay vastas zonas donde no hay.
    • Confiar en que siempre encontraremos la hospitalidad necesaria para cualquier problema de salud (hemos utilizado varios centros de sanitarios, con una atención excelente, donde ni siquiera tuvimos que mostrar nuestro seguro médico, abonando sólo una mínima consulta.)
    • Todo el equipo de carpa lo llevamos a pasear, ya que si no permanecés muchos días en un mismo lugar, se encuentran hoteles a un precio igual de económico casi que acampar.

    Capítulo aparte: A medida que íbamos hacia el norte, comenzamos a tener dificultades en la comprensión de nuestra realidad familiar…
    En la recepción de cualquier hotel: En general llegaba yo, mientras Triana estacionaba el auto, comenzaba el registro.
    – Hola, una habitación cuádruple.
    – Sí, tengo una con cama doble y una cama cucheta.
    – Bueno.
    – Nombre, apellido, ocupación…
    Al llegar al nombre de Triana, comenzaba el titubeo del recepcionista:
    – Eh, tengo una habitación con cuatro camas de una plaza… porque ustedes…
    – Está bien esta habitación.
    – Eh… bueno…
    Cuando llegaba Triana, miles de ojos se clavaban en ella y nos íbamos a la habitación asignada.
    Tuvimos muchas sensaciones de enojo, incomodidad, aprendizaje, pero también comprensión… este camino se inicia de a poco, con calma, la sociedad se irá abriendo a la diversidad.
    Confieso que nos hubiese resultado más fácil decir que éramos primas, hermanas, amigas, pero les aseguro que la mirada de Tato y Tinchi, nos comprometían, en cada hotel, poder enunciar orgullosas nuestro vínculo de amor.

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